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Muchisímos caen en el error de considerar la enfermedad como algo real en oposición a la salud. Esto es inexacto. La salud es el natural estado del hombre y la enfermedad es la carencia de salud. Quien cumple las leyes de la Naturaleza no puede estar enfermo. Cuando se contraviene alguna ley resulta una condición anormal y se manifiestan ciertos síntomas que llamamos enfermedad, y el intento de la Naturaleza es expulsar la anormal condición y restablecer la salud. Por lo general suele considerarse la enfermedad como si tuviera existencia propia. Decimos que nos "invade" o que nos "ataca", "que afecta" a tal o cual órgano y "sigue su curso", que es "grave" o "benigna", que resiste a todo tratamiento o que cede rápidamente, etc. Hablamos de ella como si fuese una entidad con carácter, disposición y cualidades efectivas. La consideramos como algo que de nosotros se apodera y usa de su poder para matarnos. La tratamos como trataríamos a un lobo en un rebaño de ovejas, a una comadreja entre polluelos, a un ratón en un granero, es decir, procuramos matarla o por lo menos ahuyentarla como haríamos con cualquiera de los animales mencionados. La Naturaleza no es voluble ni caprichosa. La vida se manifiesta en el cuerpo de conformidad con leyes firmemente establecidas y sigue paso a paso su curso ascendente hasta llegar al cenit y después va decayendo gradualmente hasta que suena la hora de desechar el cuerpo físico como un vestido ya usado, cuando el alma debe entrar en una ulterior etapa de su evolución... En el cuerpo físico actúa una fuerza vital que sin cesar nos beneficia a pesar de nuestra atolondrada violación de los cardinales principios del recto vivir. Mucho de lo que llamamos enfermedad es la acción defensiva y el reparador efecto de la fuerza vital. No es una acción deprimente sino estimulante del organismo vivo. La acción es anormal porque son anormales las condiciones, y el reparador esfuerzo de la fuerza vital propende al restablecimiento de las condiciones normales. El primer principio básico de la fuerza vital es la propia conservación. Este principio es evidente doquiera hay vida. Bajo su acción se atraen macho y hembra, reciben el feto y después el niño su necesario alimento, soporta la madre heroicamente las penalidades de la maternidad, y los padres se ven impulsados a abrigar y proteger a su prole en las más adversas circunstancias, ¿por qué? Porque todo ello significa el instinto de la conservación de la especie... Si nos herimos, la fuerza vital se apresta a sanar la herida con admirable sagacidad y precisión. Si nos rompemos un hueso, todo cuanto nosotros o el cirujano podemos hacer es entablillarlo en espera de que lo suelde la fuerza vital... El principio de adaptación al medio se ve también en todas las formas de vida. Una semilla caída en la resquebrajadura de una roca, si germina brota en planta achaparrada según la configuración de la roca... Así la fuerza vital del hombre lo adapta a todos los climas y condiciones... Ningún organismo puede enfermar mientras mantenga las condiciones requeridas por la salud, porque la salud es la vida en condiciones normales, mientras que la enfermedad es la misma vida en condiciones anormales... Vivimos en una civilización que nos ha apartado de la Naturaleza, y a la fuerza vital le cuesta mucho trabajo hacer en nuestro beneficio todo lo que quisiera. No comemos, ni bebemos, ni respiramos, ni vestimos de conformidad con la Naturaleza. Hacemos lo que no debiéramos y omitimos lo que debiéramos hacer, y así es que andamos muy mal de salud... Yogi Ramacharaka HATHA YOGA |
El contacto consciente con las Jerarquías se produce según un programa establecido en los niveles internos. Ninguna Jerarquía se manifiesta en respuesta a caprichos humanos. Es siempre por causa de una tarea y de un servicio que eso ocurre. Quien es un verdadero canal de contactos prosigue su vida normalmente y conforme a las transformaciones derivadas del proceso. No hace alarde alguno, y tampoco manifiesta afán y pretensión de "haber sido escogido por los dioses". A medida que se torna más humilde, se inclina ante la Presencia Interior de cada ser. Sabrá, entonces, que ella, aún aprisionada en los cuerpos y en la vida material, es el verdadero individuo. Idolatrías y movimientos son típicos de contactos con imágenes, no de contactos con la esencia. El plano astral de la esfera de superficie, ambiente aún impuro de fuerzas contrarias al desarrollo superior, abriga muchas proyecciones de conocidos maestros y santos, creadas por las mentes y los sentimientos humanos. Alimentadas por los pensamientos y por el ardor emotivo de los devotos, esas imágenes podrán surgir ante un individuo en sueños y visiones, podrán decirle frases bonitas, e incluso transmitirle mensajes para resolver los problemas de su vida humana y para brindarle compensaciones. Por ser artificiales, casi siempre son conducidas por las fuerzas disuasivas que circulan libremente en ese nivel. Como lobos con piel de cordero, se presentarán al caminante para engañarlo y desviarlo. Es necesario que el individuo también esté desapegado de las propias percepciones e impresiones. No sólo en la vida y en las relaciones externas, sino principalmente en relación con el propio ego y con el propio proceso, el desapego es un instrumento valioso que debe ser usado. Silencioso liberador, guiará al peregrino por las aguas profundas del Gran Río. Las imágenes, una tras otra, pasarán libremente ante sus sentidos. El peregrino ya no pretenderá retenerlas, y ellas no se aferrarán más a él. Viajero liberado, seguirá el rumbo de las estrellas, el sublime camino de los vientos, y penetrará las secretas entradas de los valles Sagrados. Su memoria se desvanecerá en la eternidad, y su futuro, en la entrega y en la obediencia a la Ley. Trepará, peldaño tras peldaño, la escalera que lo llevará al Portal del Conocimiento Supremo. "Cultivad lo mejor que hubiere en vosotros. No perdáis tiempo comparándoos con los otros. Lo mejor que hubiere en ellos constituirá para vosotros, una posibilidad más de crecer. Como la flor que se abre con el calor y la luz del sol, también debéis abriros bajo la luz irradiada por vuestros hermano.
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